Es nuestro primer día en Cracovia, en el que disponemos de toda la tarde libre para descubrir lo más esencial de la ciudad.

Llegando a Cracovia

Son las 12:45 y nuestro avión aterriza puntual en el aeropuerto de Cracovia. No es un aeropuerto muy grande, así que, realmente no tiene pérdida.

Para llegar al centro de la ciudad en transporte público, encontramos dos opciones:

  • Tren directo (KML) hasta la estación central de Cracovia (Kraków Główny), o la que esté más cerca de nuestro hotel. El trayecto dura unos 25 minutos y cuesta unos 16 zł (casi 4€).
  • Bus 300 hasta cualquiera de las paradas cercanas al centro, en un trayecto de unos 30 minutos por el precio de 8 zł (casi 2€).

En nuestro caso elegimos la opción del bus, ya que nos deja al lado de un tranvía que nos lleva muy cerca de nuestro apartamento.

En el aeropuerto hay 3 paradas de bus. Este bus para en la que está más adelante, siguiendo la carretera, aunque no es difícil de encontrar, ya que indica claramente bus 300.

En la misma parada de bus hay una máquina para comprar billetes, aunque hay bastante cola para sacarlos. Por suerte, nosotros usamos la app Jakdojade. En ella podemos buscar rutas de un modo más eficiente que Google Maps (que no funciona del todo bien en Cracovia), y pagar el billete, directamente.

Así que, nos subimos al bus sin hacer la cola y compramos un ticket con Jakdojade. Nos bajamos en Jubilat 4, y de allí seguimos la línea de tranvía 1 hasta plac Wszystkich Świętych. Desde allí, caminamos hasta Apartments Roman donde pasaremos las siguientes noches.

Terminamos de hacer el check-in sobre las 14:30. Es una hora perfecta, ya que, por tal de evitar estar buscando sitio para comer el primer día, hicimos una reserva en un restaurante.

Comida: Czarna Kaczka / Black Duck

Se trata de un restaurante de comida típica polaca cuya especialidad es el pato. Está en una de las calles del centro histórico, pero apartado de cualquier calle turística.

Al sentarnos nos ofrecen un pequeño aperitivo de paté de pato con pepinillos para untar en el pan. Pedimos Eskalopi z kurczaka w kremowyn sosie (pollo con salsa de puerros) y un mix de 12 pierogis de diferentes sabores (pato, queso, setas y espinacas). Para acompañar dos copas de vino blanco.

De postre una tarta de jengibre con chocolate y fresa.

En general, podemos decir que hemos acertado con el sitio y que la comida polaca nos ha dado una primera buena impresión. El personal también ha sido muy amable explicando los platos.

El postre, en cambio, para nuestro gusto sabe demasiado a jengibre y no nos termina de encantar. Suponemos que va a gustos.

Para terminar nos invitan a un chupito de membrillo.

Precio: 211 zł (50€ aprox.)

Pierogis y pollo en salsa de puerro
Pierogis y pollo en salsa de puerro

Visitando el centro histórico

Ahora ya estamos preparados para poner rumbo a la primera parada, la Basílica de San Francisco de Asís. Se trata de uno de los templos más antiguos de la ciudad fundado el siglo XIII, que ha sufrido diversos incendios y reconstrucciones a lo largo de los siglos. Destaca por sus vidrieras y sus murales de colores en el interior. La entrada es gratuita.

Atravesamos la calle Bracka hasta llegar a Rynek Główny (la plaza principal), que consiste en una de las plazas medievales más bien conservadas de Europa, rodeada de palacios y casas históricas (y actualmente restaurantes, tiendas y terrazas). Desde hace siglos hasta ahora se ha estado usando para situar mercados, celebraciones o eventos públicos. En ella podemos encontrar el Sukiennice (Lonja de los Paños), la Basílica de Santa María y la Torre del Ayuntamiento.

Empezamos entrando en Sukiennice (Lonja de los Paños), un edificio que simboliza el pasado comercial de la plaza. Recibe este nombre porque era un centro comercial de telas y mercancías, y actualmente posee una gran cantidad de paradas de artesanía.

Justo al lado, subimos a la Torre del Ayuntamiento, que lo único que queda del antiguo ayuntamiento medieval de la ciudad, construida en el siglo XIV. En su momento sirvió de torre de vigilancia, y ahora es un pequeño museo y mirador al que se puede acceder subiendo unas largas y estrechas escaleras. Se dice que la torre tiene una inclinación de 55 cm a causa de una gran tormenta el año 1703, lo que hace que algunos la llamen la «Torre de Pisa de Cracovia». Aún así, a simple vista, la inclinación es prácticamente imperceptible. La entrada cuesta 22 zł por persona. Arriba se pueden observar vistas panorámicas de la ciudad a través de las ventanas, aunque el hecho de no poder salir al exterior, hace que tampoco sea una visita imprescindible.

Torre del Ayuntamiento
Torre del Ayuntamiento

Por último, en una esquina de la plaza encontramos la Basílica de Santa María, que destaca por sus dos torres desiguales. Lo que la hace más curiosa, es que a cada hora en punto, desde una de las torres aparece un trompetista tocando una melodía hacia los cuatro puntos cardinales. La melodía siempre termina de manera brusca, rememorando una leyenda que dice que, mientras la ciudad estuvo siendo invadida por el ejército mongol durante el siglo XIII, el trompetista recibió una flecha en el cuello, haciendo que la melodía se parara de golpe.

Rynek Główny con la Basílica de Santa María de fondo
Rynek Główny con la Basílica de Santa María de fondo

Detrás de la basílica se encuentra Mały Rynek (plaza pequeña), que muestra un tiene un ambiente un poco más tranquilo que la plaza principal, pero que también es un lugar donde se hacen mercadillos y eventos culturales.

Pączki
Pączki

Seguimos por la calle Floriańska. Esta es una calle comercial repleta de tiendas de dulces típicos polacos y chocolate. Un lugar en el que no podremos resistir a la tentación de comprar un Pączki, un buñuelo típico que suele estar relleno de crema y mermelada, aunque los podemos encontrar de distintos sabores.

Al final de la calle se encuentra la Puerta de Florián (Brama Floriańska), que es lo único que queda de la histórica muralla que envolvía la antigua ciudad de Cracovia, y que servía de entrada principal por la zona norte.

Actualmente en el lugar de la muralla se encuentra Planty, una zona verde circular de 4 km que envuelve el centro histórico, ideal para darnos un paseo.

En Planty, saliendo por la puerta de Florián, vemos la Barbacana de Cracovia, que se trata de una fortificación circular construida para proteger la puerta. Actualmente es un museo abierto al público que muestra la historia defensiva de Cracovia.

Barbacana de Cracovia
Barbacana de Cracovia

A partir de aquí, damos un pequeño paseo por Planty, hasta volver a la plaza principal.

Seguimos por la calle Grodzka, una calle comercial turística muy transitada, conocida por sus restaurantes y tiendas de dulces y de souvenirs.

Smok Wawelski

La calle es larga, pero al final de todo se encuentra el Castillo de Wawel. Hoy no subimos hasta el castillo, pero sí que lo rodeamos hasta llegar a la orilla del río Vístula, donde se encuentra la famosa estatua de Smok Wawelski (el Dragón de Wawel). La estatua es curiosa, ya que en intervalos de aproximadamente 5 minutos, escupe fuego durante unos segundos. Hay que estar atentos, ya que está muy poco rato escupiendo fuego, y si hace un poco de viento, no llega a encenderse.

Desde el río Vístula observamos la puesta de sol, y con esto va siendo hora de cerrar el día y buscar un lugar para cenar.

Encontramos un restaurante de comida vegana cerca del hotel, que nos llama la atención.

Cena: No Bones Vegan Food

Como su nombre indica, se trata de un restaurante de comida vegana. Desde fuera se ve un lugar bastante alternativo, pero con una bonita decoración. Nos llama la atención el cartel de bienvenida en catalán «Alimentant i construint resistències».

Para cenar pedimos una sopa del día, que consiste en una sopa a base de zanahoria y otras hortalizas, con eneldo, unos nuggets veganos con patatas y un spice pumpkin udon, que son fideos con carne vegana y una salsa picante.

Todo está muy rico y, a pesar de ser vegano, muy bien conseguido. Y muy bien de precio.

Precio: 116 zł (27 € aprox.)

Spice pumpkin udon
Spice pumpkin udon