Nos despertamos en: Hotel androoms Kyoto Shichijo

Segundo día en Kyoto sin visitar Kyoto. El plan de hoy es un poco intenso: ir de excursión a Amanohashidate, un pueblo en la costa norte de Japón.

Desayuno: FamilyMart

Desayunamos lo que compramos ayer en el FamilyMart. No tiene más misterio.

Nos dirigimos hacia la estación de Kyoto, al mismo andén que ayer para coger la San-In Line. En concreto, hay que coger el tren que indica Hashidate como destino, y hay que tener cuidado con esto, ya que durante el día sólo hay 10 trenes que van y vuelven de este pueblo. Si se nos escapa el último, el de las 19:05, nos tendremos que quedar allí a pasar la noche.

Además, el tren es obligatoriamente un Limited Express, con asiento reservado. El precio de ida y vuelta son 10.000 ¥ (56 €) por persona. Realmente estamos haciendo una excursión que está un poco lejos. El camino dura unas 2 horas y media.

Al llegar, está lloviendo un poco, pero por suerte durará poco.

Amanohashidate es un pueblo costero, dentro de la prefectura de Kyoto, que se encuentra en la costa norte. Además de ser un pueblo pequeño, es conocido por su lengua de arena, una formación de arena natural dentro del mar de unos 3,6 km de longitud que une los dos lados de la Bahía de Miyazu.

Nuestra primera parada es el templo Chion-ji, cerca de la estación, un templo fundado hace más de 1.200 años, especialmente popular entre estudiantes japoneses, donde van a rezar antes de los exámenes. En él encontraremos sus curiosos omikuji con forma de abanico, colgados en los pinos, que son los que cuelgan los estudiantes para rezar.

En el recinto del templo hay varias paraditas de comida. Allí nos compramos una moneda de queso como las típicas de Gyeong-ju, en Corea. Aquí están bien, pero en su lugar original estaban todavía más ricas.

Omikujis en el templo Chion-ji
Omikujis en el templo Chion-ji

Nos ponemos en camino hacia la lengua de arena, para cruzarla y subir al telesilla que hay en el otro lado, pero al mirar hacia atrás nos explota la cabeza y vemos que el telesilla está en este lado. En este momento pensamos que nuestra guía está mal, pero descubrimos que realmente hay un telesilla en cada lado de la bahía, cada uno con su mirador.

Ya que estamos de camino hacia la lengua, no volvemos hacia atrás.

Pasear por los 3,6 km de la lengua de Amanohashidate es súper agradable. Se trata de un caminito ancho, en medio de los árboles, recorriendo pequeñas playas y santuarios, y teniendo vistas realmente bonitas delante de nosotros. No es un lugar al que venga mucha gente, y mucho menos, turismo extranjero. Allí, prácticamente todo el mundo es japonés. Además, como ha llovido esta mañana, estamos prácticamente solos en el caminito.

Caminando por la lengua de Amanohashidate
Caminando por la lengua de Amanohashidate

Hoy, realmente, íbamos sin plan. Queríamos pasear un poquito por aquí, pero no sabíamos si íbamos a hacer el camino entero. Como alternativa hay un autobús que te lleva al otro lado de la bahía, pero da bastante vuelta. El camino es tan agradable que lo recorremos entero.

Llegando al otro lado de la bahía
Llegando al otro lado de la bahía

Al llegar al otro lado, vamos directamente al pequeño telesilla.

Es un telesilla individual, que sube por el bosque a una velocidad bastante tranquila y a una altura muy bajita.

Al lado, también va un funicular, que se puede combinar para la bajada libremente.

Para ninguno de los dos hay cola, ni hace falta reservar. Como decimos, no es un sitio que esté masificado.

Al llegar arriba se encuentra el Kasamatsu Park, donde se pueden obtener fotos muy bonitas de Amanohashidate.

Opcionalmente, se puede coger un bus desde allí para visitar el Nariaiji Temple, un templo arriba de la montaña. Nosotros no lo hacemos, pero tiene pinta de ser bonito.

La bajada por el telesilla brinda una vista todavía más bonita.

Telesilla de Kasamatsu Park
Telesilla de Kasamatsu Park
Kasamatsu Park
Bajando por el telesilla

El pueblo es pequeño y no hay muchas opciones. Tampoco queremos gastar mucho hoy, así que miramos en Google Maps y encontramos un sitio que pinta bien.

Comida: Suginoya

Pequeño restaurante local y familiar de fideos udon, con una tienda de productos locales. Pedimos dos platos de udon (uno normal y otro con algas) y un platillo de marisco local en tempura.

Las sopas están ricas, y la tempura, quizás una de las mejores que he probado. Ha valido la pena. El precio está muy bien por lo que hemos comido.

Precio: 2.050 ¥ (11 € aprox)

A partir de aquí, nuestra intención era ir a Ine no Funaya, uno de los pueblos pesqueros más pintorescos de todo Japón, que al verlo en fotos nos recordó bastante a Combarro en Galicia. Es un pueblo de casitas tradicionales de madera construidas sobre el agua.

Un bus lleva directamente desde cualquiera de los dos lados de la bahía a este pueblo, en unos 45 minutos. Aún así, al ser mediodía decidimos no ir. Como hemos comentado antes, la cantidad de trenes que vuelven a Kyoto es limitada, y seguramente diera tiempo a visitarlo, pero entre ir a Ine, visitarlo y volver a Amanohashidate podría ser muy justo y no queremos estar mirando el reloj todo el rato.

En su lugar, dado que todavía tenemos energía, decidimos volver tranquilamente caminando por la lengua.

Al llegar al lado de la estación, nos subimos al otro telesilla que no contemplábamos. El telesilla es más o menos igual que el otro: sube despacio y a poca altura, y también te deja en un mirador.

Este mirador es un poco diferente, ya que hay un pequeño parque de atracciones, cuyas atracciones se pagan por usarlas, y una magnífica vista hacia Amanohashidate. Allí la tradición es mirar el paisaje bocabajo, con la cabeza entre las piernas, porque dicen que así, la lengua parece que tenga la forma de un dragón volando. Hay que tener imaginación, por eso.

Observando el "dragón"
Observando el «dragón»
Amanohashidate desde el mirador del lado de la estación
Amanohashidate desde el mirador del lado de la estación

En el parque de atracciones hay una atracción con un raíl en el que puedes pedalear y hacer más fotos hacia el paisaje. Quizás es una turistada, pero nos hizo gracia.

Bajamos otra vez por el telesilla y vamos a la estación. El tren de vuelta se nos escapa en la cara y nos toca esperar una hora a que salga el siguiente.

Para volver, el tren no es directo (por lo menos en nuestro caso). Hay que ir hasta Fukuchiyama con el Tango Relay, y de allí ya podemos coger el Limited Express hasta Kyoto. Estas dos horas y media de vuelta se nos hacen larguísimas.

También como idea, más o menos cerca se encuentra Kinosaki, un pueblo famoso por sus onsen. Es algo que también valoramos, para pasar la noche y no hacer tan largo el viaje, pero finalmente no lo hicimos.

Una vez en Kyoto, se nos antoja ir a cenar un ramen. Escogemos el mismo lugar donde fuimos a cenar ayer las gyozas, que estuvieron bien.

Cena: Kyoto Ramen Kairikiya

Ayer pedimos comida para llevar, pero hoy nos sentamos. Dentro todo son turistas no asiáticos, mala señal.

Nos pedimos dos ramen y solo de verlos ya se nota que no hacen la misma pinta que en otros sitios. Sobre todo por los fideos, que son industriales. Los mismos que venden empaquetados en cualquier supermercado asiático.

No lo recomendamos.

Precio: 2.288 ¥ (13 € aprox)

Volvemos al hotel a dormir, que mañana nos espera otro viaje largo.