Nos despertamos en: Tradiup Hotel
Hoy no hemos pasado muy buena noche. Entre el jetlag y los nervios de pensar dónde estarán nuestras maletas, nos cuesta bastante dormir. Aún así, hay que ser positivos e intentar disfrutar del viaje al máximo. Por lo menos, tenemos ropa a estrenar.
Desayuno: en el hotel
El hotel tiene un pequeño buffet en el sótano para desayunar. No es gran cosa. El problema es que son pocos platos y la mayoría es comida coreana. Sinceramente no nos apetece mucho comer pescado con kimchi para desayunar, así que sólo nos quedan las tostadas con mermelada y poco más.
Salimos caminando hacia el Palacio Gyeongbokgung. Se trata del palacio real más grande y emblemático de la ciudad. Su nombre significa «palacio de la felicidad resplandeciente» y fue el centro político del país durante siglos. Fue parcialmente destruido por la ocupación japonesa pero se ha ido restaurando progresivamente.
La entrada al palacio cuesta 2.000 ₩, aunque si alquilas un hanbok (traje típico coreano) y entras, la entrada es gratuita. Nosotros entramos sin hanbol. El recinto consiste de bastantes edificios y un estanque en el medio con un jardín de flor de loto. Es bonito.
Justo al lado, subiendo algunas cuestas, está el Bukchon Hanok Village, uno de los barrios de casas tradicionales de Seúl. Especialmente, la calle más bonita es la buckchon-ro 11-gil. Pasear por el barrio es una experiencia bonita, y nos gusta como primera impresión. Aunque más adelante, veremos que los hanoks de otros pueblos serán muchísimo más impresionantes.
Este lugar es muy turístico y cuesta conseguir una foto sin gente.

Seguimos caminando hacia Changdeokgung. Se trata de otro de los cinco grandes palacios reales de Seúl. Destaca porque es un lugar que se integra con la naturaleza, siendo famoso su jardín secreto y sus pavellones. La entrada cuesta unos 3.000 ₩, y al jardín secreto sólo se puede entrar con un guía. Nosotros hacemos la entrada sin el jardín secreto, y la verdad es que habiendo visto el palacio anterior, este no cambia mucho.
Seguimos caminando por el Ikseon-dong Hanok Village. Este es muy diferente al Bukchon, ya que dejó de ser un lugar residencial para convertirse en una zona de restaurantes y tiendas. Un laberinto de calles pequeñas con mucho ambiente.
Desde allí llegamos a la zona de nuestro hotel, y vamos a la calle Insa-dong, que es una calle repleta de tiendas de artesanía, galerías, casas de te y restaurantes. Aprovechamos para cenar por allí nuestra primera barbacoa coreana.
Comida: Sumeun Gogitjip Korean B.B.Q. Restaurant
A simple vista parecía una trampa de turistas, pero la comida estaba buena y el servicio muy atento, explicándonos como hacer la barbacoa coreana.
Aquí se puede escoger carne de ternera o de cerdo. Nosotros elegimos dos menús de cerdo con los platillos de verduras incluidos.
La verdad es que está bueno. No nos podemos quejar.
Precio: 59.000 ₩ (aprox 40 €)
Aprovechamos que estamos al lado del hotel para descansar un poquito y recuperarnos un poco del jetlag. En este momento el recepcionista del hotel nos comunica que le han llamado del aeropuerto para entregar las maletas esta misma noche. Realmente es un alivio.

Después de descansar, caminamos cerca hacia el Templo Jogyesa. Se trata del templo principal de budismo zen dentro de Seúl. Destaca por combinar la calma de un templo tradicional con el entorno urbano modeno. Se conoce su patio por los grandes árboles y los farolillos decorativos, convirtiéndolo en un sitio muy fotogénico. Dentro del templo, hay las 3 estatuas de buda, aunque una de ellas está en obras.
Caminamos hacia la Plaza Gwanghwamun, que se trata de un espacio público con grandes estatuas y chorros de agua. Esta plaza suele acoger eventos públicos y manifestaciones. En nuestro caso nos encontramos con ambos a la vez, acogiendo un concurso al mejor hanbok, y una manifestación en contra del presidente.
Un poco más abajo se encuentra el ayuntamiento y la Seoul Plaza. Se trata de una bonita plaza delante de la biblioteca, donde hay unos cómodos sofás que los coreanos usan para pasar la tarde leyendo libros mientras se escucha música relajante.
Para observar un bonito mirador gratuito, podemos entrar en la biblioteca y subir a la planta 5. También, en la planta -1 hay un photocall para hacerse fotos con Hechi, la mascota de Seúl.

Nuestra última y larga parada es la zona de Myeongdong, una de las zonas más concurridas de Seúl, con un laberinto de calles repleto de tiendas con carteles luminosos por todos sitios. Casi nada estimulante. Aquí pasamos un buen rato comprando cosméticos en el Olive Young.
También vamos a Fresh Bread Factory, una conocida panadería donde venden unos bollitos con chocolate y sal que están buenísimos.
Volvemos al hotel. Lo divertido de este hotel es que tiene una pequeña sala privada de karaoke, que aprovecharemos durante un rato. Lo malo es que la mayoría de canciones están en coreano y cuesta encontrar alguna que esté en inglés.
Hoy no cenamos, ya que hemos tenido suficiente con los bollitos.
A las 12 de la noche, súper puntuales, aparece un señor con nuestras cuatro maletas. Estamos muy felices, ahora, de poder empezar nuestro viaje con todas nuestras cosas.
Dormimos en: Tradiup Hotel