Nos despertamos en: GnB Hotel
Hoy termina nuestra visita a Corea del Sur, pero nuestro viaje sigue. El plan del día es ir al aeropuerto de Busan y coger un vuelo hasta Fukuoka, la ciudad más grande de la isla de Kyushu, en Japón.
Nos levantamos a las 6:00 de la mañana. Un taxi nos está esperando a la entrada del hotel para llevarnos al aeropuerto. Elegimos la opción de taxi, porque llegar en metro desde Nampo hasta el aeropuerto, se hace a través de una combinación de tres líneas, con una hora de duración, arriesgándonos a que los trenes puedan ir muy llenos a esa hora. Ir en autobús tampoco es una opción, ya que en Busan no dejan subir maletas grandes en los autobuses.
El viaje en taxi se estima en 40 minutos, pero llegamos en 25. Hay que decir que allí los conductores de taxi arriesgan su vida por llegar rápido y hacer más viajes.
Llegamos al aeropuerto con mucho tiempo. Hasta las 10:00 el avión no despega. Y menos mal que hemos venido con tiempo, porqué en el mostrador de facturación nos la lían con las maletas.
En nuestro ticket indica perfectamente que podemos embarcar con dos maletas grandes y dos de cabina, pero la chica del mostrador nos indica que las de cabina deben ir con nosotros, cuando ya ha dejado pasar una de ellas. Inicialmente nos quieren cobrar un extra, pero después de un rato discutiendo, van a la cinta a buscar nuestra maleta y hacemos el intercambio. Por suerte, todo termina bien, pero parece ser que en este viaje tenemos un mal de ojo con las maletas.
Desayuno: en el aeropuerto
Desayunamos en el aeropuerto. Dos pastitas y dos matcha lattes. No vale mucho la pena, pero no hay mucha más elección.
El vuelo es rápido, sólo unos 50 minutos.
La terminal internacional está físicamente cerca del centro de Fukuoka, pero no tiene estación de metro. Para ello, hay que coger un autobús lanzadera que nos lleva a la terminal nacional, y allí sí que hay metro, pero estamos un poco más lejos del centro.
Antes de entrar en el metro, nos compramos dos tarjetas Hayakaken. Seguramente os suene la Suica (si empezáis por Tokyo) o la Icoca (si empezáis por Osaka). Pues si empezáis vuestro viaje por Hakata (que es donde se encuentra el aeropuerto), la tarjeta que os va a tocar comprar es la Hayakaken, que en la práctica es lo mismo.
Al acceder al metro, ambos nos ponemos a llorar. Estamos muy emocionados de volver a estar en Japón, dos años después de nuestra última visita. Todavía no nos creemos que hayamos podido volver.
Nos bajamos en la estación de Hakata. Es curioso, porque Fukuoka y Hakata son dos ciudades pegadas, separadas por el río Naka. La estación, el aeropuerto y nuestro hotel se encuentran en Hakata, aunque todo lo que vamos a visitar se encuentra en Fukuoka.
Desde allí, vamos caminando hacia nuestro hotel (Via Inn. Hakataguchi Ekimae), que está muy cerca de la estación, elegido estratégicamente para los próximos días.
Todavía es temprano para hacer check-in, pero dejamos las maletas.
A las 12:30 ya estamos listos para salir a pasear por Fukuoka. No nos vamos a ir muy lejos, ya que no tardaremos mucho en comer por la zona.
Lo primero que hacemos es visitar el templo Tocho-ji, uno de los templos budistas más importantes de Fukuoka. Su ambiente es muy tranquilo, y la verdad que poco turístico. Su principal atractivo es el Fukuoka Daibutsu, una impresionante estatua de madera de 10 metros considerada una de las más grandes de Japón. También destaca su pagoda roja de cinco pisos, y un pequeño pasillo oscuro que simboliza el camino entre el infierno y la iluminación. El templo es pequeñito y se ve en una media hora, o menos.

La siguiente parada está bastante cerca y es el Kushida Shrine, el santuario sintoista más importante de Fukuoka. Es conocido porque en él se acoge el Hakata Gion Yamakasa, uno de los festivales más famosos de Japón. Durante todo el año está expuesta una de las enormes carrozas que se usan en esta celebración.

Cerca del santuario se encuentra el Canal City Hakata, un centro comercial con muchos restaurantes y tiendas. Aquí tenemos el primer momento friki para poder comprar artículos de Shin Chan, One Piece, Totoro y demás. El centro comercial destaca, sobre todo, por su espectáculo de fuentes luminosas en la planta baja.
En el mismo centro comercial, teníamos reservado a las 14:30 para comer en Sakano no Maruhide , uno de los restaurantes gourmet de la zona. Por algún motivo, aún teniendo la reserva confirmada, nos dicen que ya están cerrando y no sirven a más gente. Algo que nos indigna bastante porque nos podrían haber avisado.
Improvisar a esa hora es algo difícil, ya que casi todo empieza a cerrar. Además, se nos había antojado comer sushi, ya que es nuestro primer día en Japón. Se nos ocurre ir a la estación de Hakata y mirar algo por allí.
Comida: Hakata Uogashi
Se encuentra en la planta -1 de la estación de Hakata. Típico restaurante de sushi que te lo preparan delate y te lo sirven en la barra.
Vamos pidiendo nigiris sueltos, ya que sirven bastante variedad. Están buenos, nos ha gustado el sitio.
Precio: 5.700 ¥ (32 € aprox)
Volvemos al hotel a terminar el check-in, y ya estaremos listos para ir un poco más lejos.
Cogemos un autobús en dirección al Momochi Seaside Park. Se trata de una playa urbana, muy tranquila al disponer de su rompeolas. Es un buen sitio para pasear, aunque hoy hace bastante viento.

Justo en el parque se encuentra la torre de Fukuoka, a la que se puede subir a su mirador por 800 ¥, y observar tanto la ciudad como la zona de la playa. Nosotros no subimos.
Cogemos otro autobús de vuelta hacia el Ohori Park, el principal parque de la ciudad. Una gran zona verde para pasear, con un gran lago y una isla central.

Justo al lado del parque se encuentran las ruinas del castillo de Fukuoka. Este lugar no es tan conocido, y prácticamente no hay nadie paseando. Además, actualmente se encuentra el castillo en restauración, pero al ser un punto un poco elevado, tenemos unas vistas muy bonitas a la ciudad de Fukuoka con su anochecer.

Desde allí cogemos el metro hasta Tenjin, donde visitamos el Tenjin Underground Mall, un centro comercial subterráneo repleto de tiendas, cafeterías y restaurantes, inspirado en las calles europeas del siglo XIX con techos arqueados y suelos empedrados.
También salimos a ver la zona de Tenjin, el barrio rojo y el principal distrito comercial de la ciudad, con enormes centros comerciales.
Cruzamos el río hasta la zona de Nakasu. Aquí la idea es cenar un ramen en un yatai, que es lo que aparece en todas las guías como algo súper esencial y necesario para hacer en esta ciudad. La realidad es que al llegar hay una aglomeración importante de gente intentando cenar en estos sitios, con colas enormes que podrían superar una hora y que no sabes dónde empieza cada una. Además, a simple vista, la comida no se ve de una calidad buenísima y nos da la sensación que esto es lo mismo que comerte una paella en la Rambla de Barcelona. Abortamos misión y nos vamos a buscar otro restaurante por la zona.
Cena: Kawanosoba
Se trata de un pequeño restaurante de ramen en una de las calles secundarias de Nakasu. Al llegar no hay mucha cola, solo un par de personas delante nuestro, y en menos de 5 minutos ya entramos.
Pedimos dos ramens: uno de soja y otro de soja blanca. Están increíbles, buenísimos. Se nota que hasta los fideos son artesanos. Hemos dado de pleno con el sitio y nos alegramos no haber perdido el tiempo haciendo cola para un yatai.
Precio: 3.000 ¥ (16,50 € aprox)

Estamos a 1 km del hotel, y después del tute que nos hemos pegado, creemos que vale la pena pedir un taxi que nos lleve.
En el hotel preparamos las maletas para el Takkyubin de mañana y nos vamos a dormir, que va a ser un día interesante.
Dormimos en: Via Inn. Hakataguchi Ekimae